viernes, 11 de noviembre de 2011

La relatividad cultural

La escolarización en el tercer mundo: aparente garantia de justicia social.

El modelo americano, es determinante en la creación de estereotipos y corrientes de pensamiento que tienen una influencia notable en el sistema educativo, que es el que nos interesa. Pero hay otras realidades.
Nuestra hipótesis no es universal. La teoría de la relatividad cultural determina que los estándares culturales de un país no se repiten en otros. Esto es más evidente cuando vemos películas de culturas alejadas de nuestro universo occidental desarrollado.

Profesores cargando sus pizarras en busca de alumnos en el Irán de Blackboards. Está película contiene un diálogo muy expresivo entre uno de los profesores, nómadas que cargan con su pizarra buscando alumnos a cambio de comida o alojamiento, y un joven-mula que vive del contrabando en la frontera.

-¡Aprender a leer y escribir! Sabrás qué está pasando en el mundo. Puedes aprender a sumar, restar, hacer tus propias cuentas sin ser engañado. ¡Tan bueno es todo eso! Podrías estudiar o encontrar un trabajo. Hacer las cuentas…eso es genial para un Jefe.

-Nosotros somos mulas. Siempre en movimiento. ¿Cómo esperas que leamos? Para leer un libro, debes estar sentado.
 
La educación, que en nuestro universo social se da por descontada, y puede recibir críticas por alejarse de la excelencia, es, por el contrario, el icono que representa la garantía de una infancia justa en otras culturas.
Las ONGs, o las secciones sociales de las cajas de ahorros, cuentan entre su repertorio publicitario con anuncios que inciden en ese concepto. “La educación contra la pobreza”, “la educación como garantía de justicia social”, “educación contra la explotación laboral”, etc. El colegio, que en occidente no es un refugio ni una garantía de justicia social, sí lo es cuando hablamos de inmigrantes. Occidente “vende” esta idea recién llegado, pero no es la misma cuando el target son los propios alumnos occidentales. Los niños y jóvenes adolescentes en nuestra cultura no tienen la misma visión redentora de la educación, ni los publicistas desarrollan las mismas estrategias de captación de clientes cuando se dirigen a unos y otros.

Parece que los inmigrantes tienen mayor fe en el sistema educativo, y son mayores consumidores de la cultura del esfuerzo o la meritocracia implícitas en el sistema, que los jóvenes educados en el sistema.

“Numerosos laboratorios tienen ya más extranjeros que españoles (…) La cultura del esfuerzo es menor, y también la presión familiar (…)”.[1]

“El número de extranjeros en la UNED aumenta un 500%. En los últimos cuatro años las matrículas de inmigrantes se han disparado”.[2]

El director chino Zhang Yimou es el autor de dos películas que narran las dificultades a las que se enfrenta el sistema educativo en algunas zonas de su país. Camino a casa y Ni uno menos, narran la dureza del entorno y la lucha del sistema educativo en otros contextos en los que la contracultura escolar tiene más que ver con la supervivencia que con la adolescencia, que prácticamente no existe. Apajarito, el invencible, del director indio Satyajit Ray, refleja las dificultades de Apu, un adolescente, por salir del clima de miseria de su familia y entorno y seguir con sus estudios en la india del siglo XX.

El cómic Persépolis, y la película de animación basada en él, narran la vida de una adolescente iraní que vive el triunfo de la revolución jomeinista y el consiguiente recorte de libertades. La escuela como escenario en el que se viven con especial intensidad la falta de libertades al triunfar una dictadura es un recurso cinematográfico bastante habitual:

Machuca, narra el triunfo de la dictadura de Pinochet. La lengua de las mariposas, cuenta el clima represivo tras el triunfo del franquismo. Algunos pasajes de Cuéntame, la serie de televisión española en la escuela franquista o El florido pensil, se centran en la denuncia de ese sistema autoritario, de forma parecida a lo que hace la autora de Persépolis, obligada a emigrar tras el advenimiento de la dictadura. Uno de los pasajes más emotivos del cómic autobiográfico tiene que ver con la imposición separación de sexos y la adopción obligatoria del velo. Las tensiones que un elemento como el velo, provoca en las escuelas occidentales, es un síntoma claro de que el debate sobre los estándares culturales no está resuelto.

Una viñeta de El Jueves y una página de la serie olegario Gandaria, profesor de secundaria, dibujada por Pallarés, son buen testimonio de estas dificultades de integrar las diferencias culturales en el mismo espacio físico, la escuela.

[1] EL PAÍS, 26/2/2008 “Estudiar ciencias ya no seduce”.

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